jueves, 25 de noviembre de 2010

Erasmus significa muchas cosas

A diferencia de lo que muchos piensan, vivir un año Erasmus no significa exclusivamente fiesta, fiesta y más fiesta. De hecho, todo el que lo haya vivido sabrá que eso no es así.

Por una parte, la “menos positiva” por así llamarla, se encuentra la distancia, distancia de todo tipo. Distancia de las personas a las que quieres y con las que estás acostumbrada a compartirlo todo: familia, amigos, compañeros de clase, personas a las que no les das demasiada importancia cuando las tienes cerca pero que cuando estás lejos te acuerdas de ellas… personas que forman parte de tu vida. Distancia de las cosas que sueles hacer: llamar a un amigo y quedar para veros sin tener que esperar meses, salir de tapeo, pasear por la calle después de un largo día sin que ya todo esté muerto (pues aquí a las seis de la tarde, y he dicho a las seis, parece como si la ciudad se convirtiera en una ciudad fantasma)…Distancia de tu tierra: aunque aquí haya naturaleza preciosísima allá a donde vayas se echa de menos la sensación que me produce caminar por “mi campo” lleno de olores y colores, “mis calles” de piedra y sus casitas de pueblo…Distancia del idioma: es realmente difícil expresar todo lo que se quiere en un idioma que para nada dominas.

Pero, sobre todo, resalta la otra parte, la parte cargada de cosas positivas. Conoces un millón de personas nuevas, de diferentes partes del mundo (España, Francia, Italia, Polonia, Finlandia, Turquía, Sudáfrica…), con sus idiomas, culturas, caracteres y experiencias personales; y haces nuevos amigos que, por qué no, pueden durar toda la vida. Visitas un montón de nuevos lugares (Bruselas, Brujas, Gante o Lovaina dentro de Bélgica, u Holanda e Italia fuera de ella). Aprendes a desenvolverte en un lugar completamente distinto, lejos de todo y no solo para ser libre y poder hacer lo que te apetezca, también para tener que ocuparte de cualquier cosa que surja, administrar los recursos que tengas o pasar un día con un gran dolor de muelas; y, créeme, esas experiencias te demuestran que tú también puedes ser un superviviente. Aunque bueno, pensándolo bien, la parte de ser libre y poder hacer, entre comillas, “lo que te apetezca” también está muy pero que muy bien. No pensaba que tan pronto, a mis 19 años, iba a estar haciendo planes para cada fin de semana o uno de cada dos, y no planes de salir a tomar algo en la ciudad y luego volver a casa, me refiero a organizar viajes impresionantes, inolvidables, por lo que me siento verdaderamente afortunada, pues sé que no es algo que cualquiera pueda permitirse. Y finalmente, si, ya puedo hablar de la fiesta, fiesta y más fiesta, porque bueno, no podemos olvidar esa parte, pues también consiste en eso el año Erasmus. ;)

miércoles, 17 de noviembre de 2010

El primer día

 Comenzó la aventura el 16 de septiembre de 2010 bien tempranito por la mañana. Los nervios podían palparse en el ambiente, todo debía estar bien preparado pues pasaría bastante tiempo fuera y la distancia complicaría cualquier olvido importante…pero lo esencial era la despedida de aquellas personas a las que echaría de menos.
Todo pasó sin pensarlo demasiado hasta que, al fin, me encontré en un avión rumbo a mi nuevo hogar y en ese momento fue cuando realmente me di cuenta de todo lo que me quedaba por delante.

La llegada fue sencilla y agradable. En el aeropuerto de Bruselas me esperaban Miriam y Cristina, compis de Granada con las que viviría esta aventura. Juntas la cosa pintaba diferente, podríamos compartir cualquier problema que surgiera. Dos chicas nos recogieron en la estación de tren de Hasselt y nos ofrecieron todo lo que necesitáramos. Finalmente nos acompañaron a la residencia: Kempische Steenweg.

La peor parte del día fue el momento en que llegamos a ese lugar donde pasaríamos el resto del curso. La primera impresión no fue muy buena: parecía cutre pero lo peor es que no se oía un alma, como si fuera un lugar abandonado… Agotadas, decidimos descansar mientras veíamos una película al azar. Cuál fue nuestra sorpresa que, de repente, comenzamos a escuchar barullo en la planta baja del edificio: ¡el resto de estudiantes que, como estudiantes Erasmus en sus primeros días, estaban de fiesta! Nos unimos a ellos sin pensarlo dos veces y así fue como, entre cervezas y charla, disfrutamos nuestra primera noche Erasmus.



jueves, 4 de noviembre de 2010

Uno de mis sueños...


En un pequeño y encantador pueblecito de la sierra de Huelva llamado Alájar creció un personajillo: Carmen. Pasaba todo el día de aquí para allá, corriendo y brincando, cantando y jugando, pero sobre todo…soñando. Soñaba que vivía en un cuento de duendes y hadas donde todos los sueños se hacían realidad. Pasaron los años pero no quedó atrás aquel juego inventado en el que se había convertido su vida. Este cuento conserva toda su magia pues a pesar del paso de los años Carmen no deja de soñar ni perseguir sus sueños. Esta nueva aventura es uno más de esos, hechos realidad.