Comenzó la aventura el 16 de septiembre de 2010 bien tempranito por la mañana. Los nervios podían palparse en el ambiente, todo debía estar bien preparado pues pasaría bastante tiempo fuera y la distancia complicaría cualquier olvido importante…pero lo esencial era la despedida de aquellas personas a las que echaría de menos.
Todo pasó sin pensarlo demasiado hasta que, al fin, me encontré en un avión rumbo a mi nuevo hogar y en ese momento fue cuando realmente me di cuenta de todo lo que me quedaba por delante.
La llegada fue sencilla y agradable. En el aeropuerto de Bruselas me esperaban Miriam y Cristina, compis de Granada con las que viviría esta aventura. Juntas la cosa pintaba diferente, podríamos compartir cualquier problema que surgiera. Dos chicas nos recogieron en la estación de tren de Hasselt y nos ofrecieron todo lo que necesitáramos. Finalmente nos acompañaron a la residencia: Kempische Steenweg.
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