miércoles, 17 de noviembre de 2010

El primer día

 Comenzó la aventura el 16 de septiembre de 2010 bien tempranito por la mañana. Los nervios podían palparse en el ambiente, todo debía estar bien preparado pues pasaría bastante tiempo fuera y la distancia complicaría cualquier olvido importante…pero lo esencial era la despedida de aquellas personas a las que echaría de menos.
Todo pasó sin pensarlo demasiado hasta que, al fin, me encontré en un avión rumbo a mi nuevo hogar y en ese momento fue cuando realmente me di cuenta de todo lo que me quedaba por delante.

La llegada fue sencilla y agradable. En el aeropuerto de Bruselas me esperaban Miriam y Cristina, compis de Granada con las que viviría esta aventura. Juntas la cosa pintaba diferente, podríamos compartir cualquier problema que surgiera. Dos chicas nos recogieron en la estación de tren de Hasselt y nos ofrecieron todo lo que necesitáramos. Finalmente nos acompañaron a la residencia: Kempische Steenweg.

La peor parte del día fue el momento en que llegamos a ese lugar donde pasaríamos el resto del curso. La primera impresión no fue muy buena: parecía cutre pero lo peor es que no se oía un alma, como si fuera un lugar abandonado… Agotadas, decidimos descansar mientras veíamos una película al azar. Cuál fue nuestra sorpresa que, de repente, comenzamos a escuchar barullo en la planta baja del edificio: ¡el resto de estudiantes que, como estudiantes Erasmus en sus primeros días, estaban de fiesta! Nos unimos a ellos sin pensarlo dos veces y así fue como, entre cervezas y charla, disfrutamos nuestra primera noche Erasmus.



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